Para eso sirve la utopía: para caminar. (8 de Noviembre de 2016)


Ayer por la tarde estuve en un encuentro de Manuela Carmena con tres institutos de Madrid en los que los chavales llevan a cabo un programa de mediación para intervenir en los problemas de convivencia que surgen entre ellos. Durante dos horas, chicos y chicas de 12 a 19 años expusieron sus experiencias en la resolución de conflictos no punitiva, apostando por la intervención entre iguales a través del diálogo, la escucha de las partes implicadas y la búsqueda de acuerdos y compromisos.

Hablaron niños que habían pasado de suspender seis a sacar el curso limpio después de una tutorización por compañeros mayores y profes que creyeron en ellos. Chicos con dificultades para relacionarse que afirmaron "venirse arriba" cada vez que veían a uno de los compañeros que les apoyaban. Ex- alumnos que, estudiando ahora ciencias políticas, hacían su tesina sobre lo experimentado en el insti como mediadores, creyendo que esa era la base para construir una sociedad democrática...  y un grupito de cinco niñas y niños de 13 y 14 años que el curso pasado, formando parte de un grupo difícil, pusieron en marcha un plan para frenar el acoso a uno de sus compañeros y mejorar el ambiente de la clase, hablando con los chicos y chicas más disruptivos, ideando dinámicas de grupo y apoyando al chaval acosado. Lo consiguieron: cuando en una de las sesiones le tocó a hablar a él, dijo que ya podía comprometerse a "ser más feliz y sonreir". Ana formaba parte de ese grupito, y otros 3 ex-alumnos de mi cole. Uno de ellos estuvo en mi clase durante sus tres años de Ed. Infantil.

También tuvieron la palabra profes orgullosos y orgullosas de sus chicos y chicas, que sin alardes y con sencillez expusieron la falta de tiempo y de recursos para seguir con el programa, aunque dedicaron muy poco, poquísimo, a hablar de las dificultades con las que se encuentran y mucho a describir los resultados que alcanza su confianza en los chavales, cediéndoles a ellos y ellas todo el protagonismo. 

Es verdad que me sentí emocionada y orgullosa al escuchar a mi hija y a mis niños y niñas del Palomeras, pero eso sólo fue una pequeña parte de la experiencia vivida ayer tarde. Porque en aquella sala hubo, sobre todo, esperanza: sigue habiendo futuro en las manos y el corazón de esos casi niños y niñas que hablaban con la seguridad que dan los propios sueños. También en esos profes que les acompañan, y que hasta soltaron unas cuantas lágrimas escuchándoles... y en los políticos y políticas que ceden espacios para que estas experiencias se difundan... aunque hoy nos hayamos despertado con la noticia de que Donald Trump ha ganado las elecciones.